En un ensayo sobre Unicode, John Hudson afirmaba que, a comienzos del siglo XXI, el diseño de tipografía estaba yendo hacia un renacimiento internacional en gran parte debido al deseo de la industria informática de vender software y hardware a gente que habla otras lenguas distintas al inglés. La tipografía se ha visto inmersa en la internacionalización del ordenador con lo que ello supone a nivel económico y cultural pues, como ha señalado Robin Kinross, la tecnología informática ha sumergido a letra en ese fenómeno que denominamos globalización.
Siguiendo a Hudson, se podría decir que la internacionalización del ordenador ha supuesto que, de alguna manera, los diseñadores de alfabetos se hayan visto implicados en los desarrollos económicos y culturales ligados a la globalización. Es inevitable. El diseño de tipos es un arte y un oficio pero, también, un negocio.
Por otra parte, y como ha sucedido en otros campos del diseño, en el tipográfico el proceso de globalización ha provocado numerosas reacciones, entre ellas la revalorización de las tradiciones locales y la búsqueda, a través de ellas, de una identidad propia. En los últimos quince años estamos asistiendo a un proceso de recuperación de fuentes inspiradas en la cultura popular o, directamente, surgidas de investigaciones en la historia local. Paradójicamente, cuanto más local resulta una fuente más internacional es, pues en un momento de uniformidad, y en un mundo interconectado, lo singular alcanza la máxima atención. Gracias a Internet, hoy en día, la tipografía tiene la posibilidad de viajar en segundos por todo el mundo. Así, lo local se ha vuelto global pues, lo global, en el fondo no ha dejado nunca de ser local. No olvidemos que Coca-Cola siempre ha sido estadounidense.
Otra cuestión que no podemos dejar de lado es que con la globalización de las comunicaciones, se ha hecho necesaria la multiplicación de documentos multilingües. La necesidad de utilizar varias lenguas en un mismo documento plantea nuevos problemas de diseño, máxime si éstas tienen modos de lectura distintos.
¿Qué aspectos positivos ha tenido la globalización para la tipografía? ¿Y cuáles han sido los negativos? ¿Se puede ser local y global al mismo tiempo? Realmente, ¿podemos hablar de tipografía local? Y ¿qué ha sucedido con los valores "universales" en tipografía? ¿Hasta qué punto una tipografía representa a una determinada cultura? ¿Compartimos normas tipográficas con otras culturas? ¿Cambiarán nuestros modos de trabajar, tipográficamente hablando, ante la necesidad de conciliar los modos de leer de las distintas culturas en un mismo documento?
He aquí algunas preguntas para empezar a pensar y debatir en un congreso que promete ser apasionante. Este tercer congreso será de nuevo organizado por la Asociación de Diseñadores de la Comunidad Valenciana (ADCV). Se celebrará en la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Valencia, los días 20, 21 y 22 de junio.